domingo, 25 de septiembre de 2016

Teresa, Mme. Bovary


"El término bovarismo...significa una hipertrofia de la libertad que queda vana, incapaz de orientación, que tiende hacia cualquier gran empresa, decae pronto, cambia hacia otra y no realiza ninguna" (Chacel)


Chacel niega categóricamente que la personalidad de Emma se acomode a esta definición y tampoco admite la comparación con Don Quijote. 

Emma orienta su voluntad hacia metas posibles, y sus anhelos se ven frustrados no porque esa voluntad decaiga, sino porque los individuos concretos en que pones sus esperanzas resultas estar por debajo de lo que aparentan.

Se trata de una inadecuación de la verdadera naturaleza de ellos y su imagen, no de una incapacidad de Emma para acomodar sus esperanzas a la realidad.

En cuanto al diagnóstico de paranoia, puede cuadrarle bien a Don Quijote, pero no a Emma. Madame Bovary no desea nunca nada imposible, nada anacrónico, no cree en nada mágico o fuera de lo natural.

Todo esto que Chacel dice con respecto a Emma Bovary es perfectamente aplicable a Teresa Mancha. 

Teresa proyecta sus ideales sobre un hombre que pronto revela estar muy por debajo de estos. Y este hombre, en el caso de Teresa, es nada menos que una gloria nacional, Espronceda. 

La razón por la que Teresa no puede encarnar ella misma estos ideales, y debe proyectarlos sobre un hombre es la educación que culturalmente -circunstancialmente- le había tocado en suerte por su sexo femenino, y no por el hecho biológico de ser mujer.

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