martes, 27 de septiembre de 2016

I Proceso de escritura y publicación de Teresa


"El proceso en muy importante, mas importante que el libro mismo. O acaso sea mas exacto decir que, si el libro tiene alguna importancia, esta consiste en su recorrido" (Chacel. Obra Completa 3, 156)

   Miss Blake no era más que una mujer mundana, situada en la más íntima y feliz relación con la alta sociedad, por la que era admirada, adorada. Aquella mujer había mandado su invitación al periódico y el director, sin tener en cuenta sus convicciones, sin advertir que era insensato poner frente a frente a dos mujeres de tan distinta calidad moral, se la transfería simplemente por el hecho de ser ella la encar­gada de reseñar en el periódico los acontecimientos del mundo feme­nino. Ella había creído siempre que el periódico en que trabajaba era un diario honesto. Ciertamente, no pertenecía por entero a las creen­cias últimas, las únicas en que se podía tener esperanza si se deseaba la verdadera regeneración de Inglaterra, pero siempre había acogido bien sus trabajos críticos, en los que no había una línea que no fuera de la más rigurosa austeridad, de la más implacable censura para todo lo mundano. Por otra parte, sus amigos no estaban lo suficiente afian­zados para prescindir de todo apoyo fuera de ellos: más bien eran combatidos, de modo que romper con el periódico, su ingreso más positivo, era, por el momento, imposible. Y en la carta del director veía, bien terminantemente, que no había medio de negarse a reseñar la exposición que miss Blake hacía de sus trabajos efectuados en Italia. Aquella mujer tiranizaba a todo Londres, y seguramente había puesto un empeño especial en conseguir la aquiescencia de la Prensa más res­petable, tanto para imponerles su poderío como para adornarse tam­bién con la opinión de las gentes honestas. Era un insulto, una humi­llación insufrible, tener que ponerse en contacto con ella. Mistress Langridge no la conocía personalmente, pero conocía su leyenda y eso le bastaba.

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