martes, 27 de septiembre de 2016

La inalcanzable Polonia

El episodio en que Teresa identifica a Polonia con una rival femenina es sumamente interesante. El patrón educativo de Teresa hace que ese ideal superior que mueve a los hombre se simbolice en una mujer. Se siente excluída de un mundo en el que no puede participar por su condición femenina, por eso lo tiene que encuadrar en él único patrón de que dispone para percibir esa rivalidad.


Mención de Polonia,

abismo entre la preparación del hombre y de la mujer, entre los intereses que la diferente preparación suscita en uno y otra, y a los que la mujer debe intentar sobreponerse.

                                Teresa le atajó, fingiendo un acceso de cólera:
-          ¿Te atreves a pronunciar delante de mí un nombre femenino?
-          Pero, hija mía, no bromees: Polonia está sublevada.
   -      ¡No entiendo! Y, te lo repito, no te atrevas jamás a mentar en esta casa un nombre de mujer (OC 5 197).

Teresa, sin embargo, comprende que este nombre encierra toda una altura de aspiraciones (la vida viril) de la cual ella tiene noción, pero que está fuera de sus posibilidades

No porque ninguna prohibición expresa se lo impida, sino porque ella misma, los alcances de su mentalidad de fémina romántica, lo impiden

Teresa lo codifica todo según los pobres parámetros del sistema de valores que su tiempo le ha brindado. 

Ha sido criada en la sensibilidad femenina romántica, y cuando se encuentra ante algo que queda fuera de dicho programa, como la política, no tiene otro remedio que adaptarlo a él

El resultado sería grotesco si no fuese porque Teresa –aquí reside su grandeza— es en todo momento consciente de lo que le sucede. Ella sabe que hay un ideal de grandeza que se le escapa, y esta conciencia demuestra una capacidad de percepción que salva al personaje, aunque para expresar ese ideal deba recurrir a ahormarlo en la pobreza de un discurso galante romántico. 

Las aspiraciones que quedan fuera de su alcance, representadas en el nombre de Polonia, son como una mujer, una rival, más apta que ella:

sta experiencia es codificada en el único lenguaje que Teresa, mujer romántica, puede manejar con soltura inmediata: el de la rivalidad con otra mujer pero sabe que esa rivalidad no es una rivalidad común.

Sabemos que para Chacel el motor que rige todo lo humano es el eros, una especie de simpatía universal que poco tiene que ver con el amor romántico. 

Teresa intuye ese eros superior, pero las limitaciones de su sensibilidad (como mujer romántica) únicamente le permiten encajarlo en ese esquema de amor heterosexual y rivalidades femeninas

Este es el drama ideológico de Teresa, el drama de su pensamiento: su formación “femenina” –no su naturaleza femenina— la ha convertido en un ser humano más emotivo que cerebral, que solamente siente el eros en lugar de pensarlo (Glenn, “Conversación…” 17). 

La manera en que Chacel utiliza el motivo de Polonia, los pensamientos que este nombre suscita en el ánimo de Teresa, es, además, una muestra de magistral dominio sobre las técnicas de emulación del inconsciente y la asociación de ideas.


Los hombres, para Teresa Mancha.



Tenía miedo de aquel elemento que la rodeaba; los hombres. 

Porque su mundo había quedado reducido a esto: ella y los hombres. 

Pero no sentía miedo de los hombres porque esperase de ellos un ataque o emboscada, sino sólo de pensar en su misterio. 

Cuando los veía pasar, hablarse unos y otros mirándose rectamente, apoyarse en los hombros de sus amigos. 

Cuando oía sus voces y percibía aquel fluido que se comunicaban, hablando siempre de cosas altas, sagradas. 

De sus conversaciones trascendía un impulso heroico, brotaba un manantial de impulsos, un iris de posibilidades infinitamente combinables. 

Y, además, no eran dioses; eran cuerpos sensibles que podían temblar y padecer, que estaban sujetos a las lágrimas, a las flaquezas. Gracias a esto bajaban de sus cumbres en busca de la mujer, como los lobos bajan al valle 


Canto a Teresa. Espronceda.





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I Proceso de escritura y publicación de Teresa


"El proceso en muy importante, mas importante que el libro mismo. O acaso sea mas exacto decir que, si el libro tiene alguna importancia, esta consiste en su recorrido" (Chacel. Obra Completa 3, 156)

   Miss Blake no era más que una mujer mundana, situada en la más íntima y feliz relación con la alta sociedad, por la que era admirada, adorada. Aquella mujer había mandado su invitación al periódico y el director, sin tener en cuenta sus convicciones, sin advertir que era insensato poner frente a frente a dos mujeres de tan distinta calidad moral, se la transfería simplemente por el hecho de ser ella la encar­gada de reseñar en el periódico los acontecimientos del mundo feme­nino. Ella había creído siempre que el periódico en que trabajaba era un diario honesto. Ciertamente, no pertenecía por entero a las creen­cias últimas, las únicas en que se podía tener esperanza si se deseaba la verdadera regeneración de Inglaterra, pero siempre había acogido bien sus trabajos críticos, en los que no había una línea que no fuera de la más rigurosa austeridad, de la más implacable censura para todo lo mundano. Por otra parte, sus amigos no estaban lo suficiente afian­zados para prescindir de todo apoyo fuera de ellos: más bien eran combatidos, de modo que romper con el periódico, su ingreso más positivo, era, por el momento, imposible. Y en la carta del director veía, bien terminantemente, que no había medio de negarse a reseñar la exposición que miss Blake hacía de sus trabajos efectuados en Italia. Aquella mujer tiranizaba a todo Londres, y seguramente había puesto un empeño especial en conseguir la aquiescencia de la Prensa más res­petable, tanto para imponerles su poderío como para adornarse tam­bién con la opinión de las gentes honestas. Era un insulto, una humi­llación insufrible, tener que ponerse en contacto con ella. Mistress Langridge no la conocía personalmente, pero conocía su leyenda y eso le bastaba.

lunes, 26 de septiembre de 2016

Chacel, precursora del feminismo

Su ensayo Ensayo sobre los problemas prácticos y actuales del amor, publicado en la Revista de Occidente en 1931 se anticipa en 18 años a la propuesta de Simone de Beauvois en su libro "El segundo sexo" sobre la diferencia genérica.

SIMONE DE BEAUVOIR. Segundo sexo.


JUDITH BUTLER. La performatividad del género.







ROSA CHACEL:Ensayo "Esquema de los problemas prácticos y actuales del amor". 

Fuente: Blog Villena





Se anticipa a las ideas de Judith Butler sobre performatividad de género.


domingo, 25 de septiembre de 2016

José Cascales Muñoz. D. José de Espronceda: su época, su vida y sus obras.

UNA AVENTURA DE ESPRONCEDA (Episodio histórico) Rodríguez Solís. La Ilustración artística. 30/7/1883,


UNA AVENTURA DE ESPRONCEDA (Episodio histórico).Ilustración artística 
30/7/1883, página 7.

   Era una hermosa noche de otoño del año 1831. La Francia acababa de hacer una gran revolución. La dinastía de Carlos X habia caido, naciendo de entre sus ruinas la de Luis Felipe, que no habia de tardar en caer á su vez.
   Polignacy Guizot; los nombres de estos dos ministros siguen á Carlos X y á Luis Felipe, como la sombra sigue al cuerpo.
   A una hora avanzada de la noche del 15 de octubre, penetraban en el Hotel Favart, situado en la Plaza de los italianos de esa gran metrópoli del progreso que se llama París, cuatro jóvenes amigos, que por la hora un tanto intempestiva á que se retiraban, por su conversación alegre y ruidosa, por sus francas carcajadas y sus burlonas frases denunciaban á la legua que eran españoles.
   Uno de estos jóvenes se apoyaba en una muleta, convaleciente todavía de una gravísima herida recibida en las barricadas durante las célebres jornadas revolucionarias de julio de 1830 en París, en las que los cuatro amigos habían tomado una parte activa; todo lo cual no le impedia bromear y reír con dos de los otros jóvenes, que eran sus hermanos, y con el tercero, que si no por la sangre, lo era en realidad por el gran cariño que ambos le profesaban.
   El herido se llamaba Basilio; sus hermanos Alfonso y Luciano, y su amigo José. En este joven habría podido notar cualquier observador una alegría más ruidosa que verdadera; una amarga ironía en sus palabras, una sombra de tristeza en su hermosa frente, un desden profundo en todas sus frases, y un dolor cruelísimo en su pecho, que no bastaba á mitigar la cariñosa amistad de aquellos leales amigos.
   Los cuatro jóvenes que habitaban juntos en el Hotel podían ostentar con orgullo el lema que en sus escudos ostentan nuestras provincias vasco-navarras, el famoso Lauracbac, que quiere decir en su severo y gráfico lenguaje cuatro en una. Fuera de su patria, de la que cruelmente les habia desterrado la tiranía de Fernando VII; entusiastas defensores de la libertad, de que no habían podido dotar á su querida patria, aunque para ello habían arriesgado valientemente su vida en los campos de Navarra, los cuatro jóvenes habían llegado á constituir una familia: la idea del uno era la de los otros; lo que el uno quería lo amaban todos; eran, en fin, cuatro hombres con un solo pensamiento, un solo brazo y un solo corazon.
   Al atravesar por uno de los corredores del Hotel observaron nuestros jóvenes amigos un par de botas y un par de zapatos colocados á la puerta de uno de los cuartos, según costumbre de las fondas, para que el criado los entre limpios al siguiente día.
   Este encuentro, sin importancia otras veces, les llamó en aquella noche la atención de un modo extraordinario, Sin poder explicarse la causa. Alguna razón habia, sin embargo, y esta era la pequeñez de los zapatos, que más que de mujer parecían de niña, y la cual les llevó á entablar el siguiente diálogo:
—Yo sostengo,—dijo Basilio,— que estos zapatos son de una italiana. — Protesto,—exclamó José;—estos zapatos no pueden ser más que de una española, porque sólo las españolas tienen los pies pequeños como almendras, y redondos como las aceitunas de los olivares de Córdoba.
— ¡Al fin poeta! .
 —¿Y porqué no han de ser de una francesa? —dijo Luciano; - ¿en qué código habéis aprendido que una francesa no pueda tener el pie pequeño?
-¡Qué locura! –Dijo Alfonso
-Oye Pepe…¿Si serán de una inglesa?
— Vade retro.
—Ya he dado con e!lo -añadió Basilio;—estos zapatos son....
—¿De quién?—preguntaron todos.
—De una americana.
—Pudiera ser,—dijeron Luciano y Alfonso.
—¡Quizás!... una americana es un fresco capullo de esa delicada rosa que se llama España. En fin, vamos á saberlo.
—¿Qué intentas, Pepe? —¿Qué vas á hacer, loco? —Santo Tomás, ver y creer.
Y sin aguardar á más, bajó al comedor seguido de los tres hermanos, buscó al criado de guardia y comenzó á interrogarle. A medida que el garçon hablaba, la frente de José se iba nublando, sus palabras eran más graves, y su emocion más profunda.
Según el criado, aquellas botas y aquellos zapatos, que tanto habían llamado la atención de los cuatro jóvenes, pertenecían á unos viajeros llegados aquella noche de Inglaterra; que por su acento y su idioma imaginaba debían ser españoles; que el caballero mostraba un carácter muy severo, y la joven, que era lindísima, parecia sufrir mucho; y por último, que según los registros del Hotel, él se llamaba D. Gregorio, y ella Teresa.
José no quiso oír más; cortó la conversación diciendo al criado que ya sabían cuanto necesitaban, y en unión de los tres hermanos, que no podían explicarse su agitación, se encaminaron al cuarto que ocupaban en la fonda. ¿Qué hablaron? Lo ignoramos. Lo único que sabemos es que grave debió ser el asunto que trataron cuando toda la noche la emplearon en discutirlo, y que, apenas fué de día, cuando los tres hermanos se pusieron en movimiento.
A cosa de las nueve salió de su cuarto, con visibles muestras de mal humor, el viajero que el criado habia indicado llamarse D. Gregorio. Alfonso le siguió, sin ser notado de él, por la Plaza de Italianos, hasta que ambos se perdieron de vista: Luciano bajó poco después la escalera y se colocó á la puerta del Hotel, de la que no se separó un instante; y Basilio se puso de centinela á lo largo del corredor. A los pocos instantes José penetraba en el cuarto de D. Gregorio, y caía en brazos de su adorada Teresa, ala que ya juzgaba perdida.
Cuando algunas horas después D. Gregorio volvió al Hotel se encontró sin Teresa. Los tres hermanos, leales y cariñosos amigos, quedaron allí para sostener la retirada; recibieron el primer choque, y se mostraron dispuestos á todo género de sacrificios por su querido amigo. En cuanto á Teresa y á José Espronceda, desaparecieron del Hotel. Y quizás de París. ¿Dónde fueron? ¡Quién lo sabe! ¿Sabía nunca Espronceda dónde iba? ¿No ha dicho él mismo en una de sus más bellas poesías
Allá va la nave ¿Quién sabe do va?

E. RODRÍGUEZ SOLIS Madrid y julio de 1883

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ROSA CHACEL: 

Yo me decía, en mi fondo, “¡esto es lo que tenemos!, ¡esto es lo que vamos a continuar!. Yo voy a hacer mi heroína de una mujer que, por todo tener, tenía unos pies muy pequeñitos, como corresponde a una española… ¿Qué puedo hacer con esto?, ¿cómo puedo resolverlo, o disimularlo, o dislocarlo hasta que tome otro aspecto? ¡Esto es mi país!, estos son los datos que obtengo de una realidad que lleva durando dos siglos… Ahora, su imagen está entre mis manos, yo tengo que dejar, con mi acento y mi nombre, un testimonio de ella. ¿Cómo salvarla? Pasé mucho tiempo en aquel pasillo oscuro, ante los zapatitos, hasta que al fin me dije, mi misión está del otro lado de la puerta. [...] y sin necesidad de abrirla, pasé la puerta. Del otro lado estaban Teresa y su oscuro marido, ya no me quedaba más que traspasar otra muralla: entrar en el alma de Teresa. Eso fue lo más fácil”.

“Yo voy a hacer mi heroína de una mujer que, por todo tener, tenía unos pies muy pequeñitos, como corresponde a una española”

LIBRO COMPLETO DE RODRÍGUEZ SOLÍS enlace