viernes, 30 de septiembre de 2016
Os propongo un reto.
En el archivo de Rosa Chacel encontré este dibujo tan enigmático. Llevo mucho tiempo reflexionando sobre su significado. Despues de las lecturas que habéis hecho puede que tengáis algunas claves para su interpretación. Solicito vuestra ayuda. ¿Que creeis que puede significar?
miércoles, 28 de septiembre de 2016
Chacel "escultor"
Foto publicada en la Revista "La Esfera"
En 1915, Rosa Chacel ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en donde estudia escultura. Esta etapa de su vida es enormemente transcendente, no sólo porque ahí conoce a Timoteo Pérez Rubio, con el que contrae matrimonio, sino porque allí se forjan las primeras relaciones con los que en poco tiempo protagonizarán las vanguardias pero también con el mundo de la belleza y de las formas. El clasicismo de Rosa Chacel introducirá componentes muy interesantes en su obra. Las artes plásticas estarán presentes en todos sus trabajos y se convierten en herramientas imprescindibles para forjar sus personajes. En Teresa, también está presente el arte. El episodio que describe su encuentro con la pintora Ginever Blake está plagado de "resonancias" no sólo a la pintura de W. Blake, pintor romántico que inspiró a numerosos artistas, sino también de referencias a la empatía que afecta a dos mujeres que se sienten irremisiblemente atraídas por la belleza. El eros, recordemos, es, para Chacel la fuerza que anima el proceso creador que por supuesto inspira por igual a hombres y mujeres.
Idolos de perversidad, Bram Dijkstra
Dijkstra nos muestra, con abundancia de reproducciones y excelente documentación, una auténtica iconografía de la misoginia, pero su trabajo va más allá, estableciendo una interesantísima relación entre las imágenes de los pintores y las palabras de escritores, filósofos y pensadores, todo lo cual le lleva a un auténtico tour de force: la relación entre esta actitud antifemenina que se justifica «científicamente» con una pervertida visión del evolucionismo, y la expansión y justificación de las posturas racistas, antisemitas y xenófobas que se tradujeron en tan crueles prácticas en la Alemania nazi.
Una conclusión inevitable de la lectura de este libro es que el hombre del XIX realizó una auténtica campaña cultural para educar a sus compañeras, las mujeres, para construirlas según sus propios intereses y conveniencias, y cuando , por su «mala voluntad», por su actitud «intrínsecamente perversa» se negaron a aceptar la posición que, en nombre del progreso y de la evolución, el hombre les daba, su actitud reacia se resuelve en su representación como auténticas imágenes de la maldad.
Es interesante recordar que en este siglo se hizo muy popular el mito de Pigmalión (pensemos, por ejemplo, en las obras de Balzac y de Zola Le chef d'oeuvre innconu y L'oeuvre) e igualmente interesante preguntarse por qué antes no se representó con mayor frecuencia. Pigmalión, indignado ante la vida licenciosa de las féminas, esculpió una estatua de mujer y se enamoró de su propia creación. De la misma manera el varón decimonónico busca un arquetipo femenino que la mujer se niega cada vez más rotundamente a asumir, y así el deseo de la realidad se convierte en el deseo de crearla cuando aquélla no satisface sus más profundas expectativas y, más aún, con la imagen ...
martes, 27 de septiembre de 2016
Las románticas. M. Luz Morales. El Sol 18.12.1927
María Luz Morales fue una gran periodista en los años veinte y treinta. Recordad que en el capítulo de la novela relativo al período de Teresa en Londres en donde estudia con Ms. Landgridge, hay un párrafo muy interesante en donde esta curiosa mujer, también periodista, habla de sus relaciones con el períodico. No se nos escapa que cuando Chacel escribe esta novela, la interrumpe curiosamente para introducir en la Revista de Occidente su flamante ensayo sobre la mujer en la cultura "Esquema de los problemas prácticos y actuales del amor" en el que Rosa rebatía con su implacable y rotunda rigurosidad la misoginia que plagaba el debate sobre la mujer.
MUJERES-LAS ROMÁNTICAS HEROÍNAS.
El Sol (Madrid. 1917). 18/12/1927, página 9.
¡Copia la Naturaleza al Arte como afirmaba el
"dandy" inglés? ¡Puede creerse que la estatuaria griega no reprodujese bellos modelos vivos,
sino que fuera el pueblo heleno el que llegase a ser supremamente hermoso en
fuerza de contemplar bellas estatuas? ¡resulta verosímil que las damas inglesas
no fueran ni rubias, ni esbeltas ni rosadas, ni manifestaran predilección por
los trajes azules hasta que determinada escuela pictórica comenzó a mostrarlas
así?...Si la peregrina teoría wildeana necesitase argumentos en que apoyarse,
en el caso de las románticas las hallaría bien sólidas. (Verdad que a las cosas
sutiles nada les perjudica como la solidez...).
Porque en los primeros tiempos románticos,
autores y autoras tomaron caprichosamente entre sus manos y bajo sus plumas un
soñado muñeco femenino, le infundieron un alma estrictamente literaria, sin
importárseles un comino de la realidad; lo ataviaron con galas extranjeras o ropajes exóticos o
trapos anticuados, cayeron en el anacronismo de colocar en una época moderna
damas de perfil medieval, y en el corazón de la traviesa Francia rubias pálidas
y melancólicas heroínas norteñas..., y a poco se encontraron con que los
arbitrarios muñecos femeninos tomaban vida, cuerpo, realidad, y formaban corro
parlanchín, exaltado y agradecido, en torno a sus magnánimos creadores; y la vieja sociedad femenina, cuyas notas más
destacadas eran la dama frívola y egoísta, o !a “calcetera" impía y
sanguinaria, se convertía —así en los más altos como en los más bajos escalones
el más ensalzado y absoluto sentimentalismo. El literario "mal del […]
sustituyó en las mujeres a la clásica jaqueca, y en lugar de correr tras el rastro
de la inconstante Manon, o divertirse en el frívolo juego del desdén por el desdén,
las románticas pasearon por los parques, entre sauces y cipreses, llamando a
Rodolfo bajo la pálida luz de la Luna... Los autores románticos no se sorprendieron
gran cosa ante el prodigio. Ellos desconocían ¡claro| la teoría de Wilde; pero
reconocíanse con poder, con aliento para lograr aquello y mucho más.
Rápidamente, el femenino ideal romántico (todo el
romanticismo) se amplifica y concreta, al tiempo que, cada vez más, se idealiza,
se remonta. Es “Atala” oponiendo a la pasión exaltada de Chactas y a la propia
exaltada pasión la barrera de la fe, la honestidad y el ideal cristiano, no
menos exaltado; son “Delfina” y “Corina”, a cuyas románticas vidas su misma
creadora madame Staël- acomodó la propia vida, en atormentadora y constante
rebusca de gloria y el dolor…Son las verdaderas románticas fantasmas creadores
de realidades. Lánguidas, candorosas, sentimentales y un tanto tímidas –como todo
ser trasplantado- al llegar desde tierras del Norte, al saltar desde tiempos
pretéritos; exaltadas, ardientes, ampulosas, al fundirse en el crisol latino,
francés; al pasar por la llama, aún viva del paroxismo de la postrevolución.
Arrogantes, retadoras, un poco feministas y un mucho socialistas en “Jorge Sand”;
vagas y mas que nunca retóricas en Victor Hugo…
Aun hoy, dígase lo que se diga, las modistillas de París
prefieren a la seca crudeza de “La garçonne” la vena apasionada de Alfredo de
Musset.
MARÍA LUZ MORALES
románticas y romanticos
El romanticismo también fue un movimiento que ha ocultado a la mujer creadora. La más famosa reprersentación pictórica de esta corriente literaria, "Poetas contemporáneos. Una lectura de Zorrilla2, de Esquivel, constituye una muestra incontestable de ello. Así que, sigue siendo obligado poner en cuestión este tipo de representaciones con la revisión del discurso canónico misógino. Chacel ,en Teresa da voz a la musa, y dándole voz a la "amante de Espronceda" revierte tajantemente el concepto de la mujer como objeto para devolverle su papel como sujeto histórico y como protagonista de una historia, la de su propia vida, que había sido no sólo ocultada, sino inventada con leyendas y crónicas que la consideraron sólo como culpable de los sufrimientos del poeta. Afortunadamente, Chacel (como Unamuno, Corpus Barga y otros) nos descubre la "almibarada blasfemia" -flamante expresión chaceliana- con que el Canto a Teresa de Espronceda trató de ocultar su propia culpa y sobre todo la utilización que hizo de ella para ofrecer el producto literario que requería la moda del momento.
Que hay voces femeninas en la literatura romántica, afortunadamente, lo sabemos ya, pero no está de más recordarlas. Veamos algunos ejemplos
ALGUNAS ROMÁNTICAS
Gertrudis Gómez de Avellaneda fue considerada en su tiempo como una de las mejores expresiones del movimiento romántico. Su vida y su obra siguen interesando a los estudiosos actuales, tal como se aprecia en los numerosos trabajos de investigación publicados en estos últimos años. Sus personales circunstancias biográficas, su apasionado carácter, su generosidad y su marcada rebeldía frente a los convencionalismos sociales, que la llevó a vivir de acuerdo con sus propias convicciones, la apartan de la mayoría de las escritoras de su época, convirtiéndola en precursora del movimiento feminista en España.FUENTE: Cervantes Virtual
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| FUENTE |
Cecilia Böhl de Faber nació en Morges, Suiza, el 24 de diciembre de 1796. Hija del conocido hispanista Juan Nicolás Böhl, natural de Hamburgo y cónsul en Cádiz, y de Francisca Larrea, que escribió con el seudónimo de «Corina». Obras: La hija del sol (1851), Cuadros de costumbres populares andaluzas (1852), Lucas García (1852), Clemencia (1852), Lágrimas (1853), La estrella de Vandalia (1855), La gaviota (1856), Cuentos y poesías populares andaluzas (1859), Cuentos, oraciones, adivinanzas y refranes populares (1877), Pobres y ricos (1890), Cuentos de encantamiento infantiles (1911) y El refranero del campo y poesías populares (1914). FUENTE: Proyecto Mujeres escritoras
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| fuente |
Mistress Langridge
El retrato de Mistress Landridge reúne rasgos que la identifican como representante de un feminismo de corte filantrópico y conservador, al estilo de algunos movimientos que cobraron fuerza en algunos países europeos, especialmente en Inglaterra, durante el siglo XIX.
No es una sufragista (partidaria de un feminismo radical, carne de escándalo), sino una mujer que une a su capacidad y reconocimiento profesional una respetabilidad intachable entre sus coetáneos.
Trabaja en un periódico, escribiendo las crónicas de “los acontecimientos del mundo femenino”.
Retrato de la new woman, de la feminista, especialmente de la respetable que hace de su feminismo una suerte de profesión filantrópica.
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En su conjunto austero, aquellos rebrotes de belleza hacían pensar que iba adornada con el botín arrancado al enemigo o, tal vez, con el enemigo mismo, vencido y asimilado en identificación voraz.
El hombre, ansiado y envidiado a un tiempo, latía en ella como en posesión demoníaca; se evidenciaba a veces en sus discursos, en sus miradas avasalladoras, en sus anchos hombros, que resaltaban al inclinar el torso sobre los libros, hasta su ligero olor a lavanda y en el vello dorado que brillaba alrededor de su boca y en la curva de sus mejillas, junto a la oreja.
Pero la eclosión de esa virtud masculina que guardaba era un fenómeno que se obraba sólo en momentos triunfales; a poco decaía su brillo, porque su mente no mantenía el alto vuelo iniciado, o porque se atravesaba en ella el interés de algo práctico que anulaba la visión objetiva. Su voz entonces no acometía las notas graves, se hacía infantil, como si al abandonar la tónica lograda ambiciosamente no encontrara instrumento en el pecho de una mujer, amplio y verdadero, y se refugiase en la garganta de un niño
Esta descripción responde con exactitud al tópico ya visto que asocia a la mujer virago una especie de informidad que la convierte en un ser no del todo terminado, a medio camino entre la mujer y el niño (recuérdense las palabras de Cansinos-Asséns sobre Victoria Kent, tan sorprendentemente cercanas al párrafo chaceliano):
En la casa de Concha Espina conozco a la famosa Victoria Kent, la discípula de Alvaro de Albornoz y-según los maledicentes- su amiga. Es físicamente el tipo caricaturesco de la virago, de la antigua sufragista inglesa, sin ningún rasgo femenino, y fea como un hombre feo. Alta, desgarbada, escuálida, con el pelo lacio y de un negro mate, un cuello que se le sale por su tirilla masculina y un cuerpo todo liso, sin pecho ni caderas.
Da la impresión de ser un raquítico, que no ha llegado a desarrollarse y se ha quedado entre hombre y mujer. Su voz débil y opaca confirma esa impresión. No es posible que una mujer (!) así sea la querida de nadie y por eso hay quién la supone una lesbiana.
Pero esta desgraciada apariencia física no quiere decir que en el fondo no sea una gran mujer, una mujer de talento y corazón, de sentimientos maternales, amplios y generosos...y una mentalidad viril, limpia de prejuicios y supersticiones tradicionales de su sexo...Podrá parecer físicamente un adefesio. Pero el espíritu la embellece y transfigura a nuestros ojos. (La novela de un literato. Rafael Cansinos-Asséns)
Periodistas españolas principios de siglo:
Mari Luz Morales.
La inalcanzable Polonia
El episodio en que Teresa identifica a Polonia con una rival femenina es sumamente interesante. El patrón educativo de Teresa hace que ese ideal superior que mueve a los hombre se simbolice en una mujer. Se siente excluída de un mundo en el que no puede participar por su condición femenina, por eso lo tiene que encuadrar en él único patrón de que dispone para percibir esa rivalidad.
Mención de Polonia,
abismo entre la preparación del hombre y de la mujer, entre los intereses que la diferente preparación suscita en uno y otra, y a los que la mujer debe intentar sobreponerse.
Teresa le atajó, fingiendo un acceso de cólera:
Teresa, sin embargo, comprende que este nombre encierra toda una altura de aspiraciones (la vida viril) de la cual ella tiene noción, pero que está fuera de sus posibilidades.
No porque ninguna prohibición expresa se lo impida, sino porque ella misma, los alcances de su mentalidad de fémina romántica, lo impiden.
Teresa lo codifica todo según los pobres parámetros del sistema de valores que su tiempo le ha brindado.
Ha sido criada en la sensibilidad femenina romántica, y cuando se encuentra ante algo que queda fuera de dicho programa, como la política, no tiene otro remedio que adaptarlo a él.
El resultado sería grotesco si no fuese porque Teresa –aquí reside su grandeza— es en todo momento consciente de lo que le sucede. Ella sabe que hay un ideal de grandeza que se le escapa, y esta conciencia demuestra una capacidad de percepción que salva al personaje, aunque para expresar ese ideal deba recurrir a ahormarlo en la pobreza de un discurso galante romántico.
Las aspiraciones que quedan fuera de su alcance, representadas en el nombre de Polonia, son como una mujer, una rival, más apta que ella:
sta experiencia es codificada en el único lenguaje que Teresa, mujer romántica, puede manejar con soltura inmediata: el de la rivalidad con otra mujer pero sabe que esa rivalidad no es una rivalidad común.
Sabemos que para Chacel el motor que rige todo lo humano es el eros, una especie de simpatía universal que poco tiene que ver con el amor romántico.
Teresa intuye ese eros superior, pero las limitaciones de su sensibilidad (como mujer romántica) únicamente le permiten encajarlo en ese esquema de amor heterosexual y rivalidades femeninas.
Este es el drama ideológico de Teresa, el drama de su pensamiento: su formación “femenina” –no su naturaleza femenina— la ha convertido en un ser humano más emotivo que cerebral, que solamente siente el eros en lugar de pensarlo (Glenn, “Conversación…” 17).
La manera en que Chacel utiliza el motivo de Polonia, los pensamientos que este nombre suscita en el ánimo de Teresa, es, además, una muestra de magistral dominio sobre las técnicas de emulación del inconsciente y la asociación de ideas.
Mención de Polonia,
abismo entre la preparación del hombre y de la mujer, entre los intereses que la diferente preparación suscita en uno y otra, y a los que la mujer debe intentar sobreponerse.
Teresa le atajó, fingiendo un acceso de cólera:
- ¿Te atreves a pronunciar delante de mí un nombre femenino?
- Pero, hija mía, no bromees: Polonia está sublevada.
- ¡No entiendo! Y, te lo repito, no te atrevas jamás a mentar en esta casa un nombre de mujer (OC 5 197).
Teresa, sin embargo, comprende que este nombre encierra toda una altura de aspiraciones (la vida viril) de la cual ella tiene noción, pero que está fuera de sus posibilidades.
No porque ninguna prohibición expresa se lo impida, sino porque ella misma, los alcances de su mentalidad de fémina romántica, lo impiden.
Teresa lo codifica todo según los pobres parámetros del sistema de valores que su tiempo le ha brindado.
Ha sido criada en la sensibilidad femenina romántica, y cuando se encuentra ante algo que queda fuera de dicho programa, como la política, no tiene otro remedio que adaptarlo a él.
El resultado sería grotesco si no fuese porque Teresa –aquí reside su grandeza— es en todo momento consciente de lo que le sucede. Ella sabe que hay un ideal de grandeza que se le escapa, y esta conciencia demuestra una capacidad de percepción que salva al personaje, aunque para expresar ese ideal deba recurrir a ahormarlo en la pobreza de un discurso galante romántico.
Las aspiraciones que quedan fuera de su alcance, representadas en el nombre de Polonia, son como una mujer, una rival, más apta que ella:
sta experiencia es codificada en el único lenguaje que Teresa, mujer romántica, puede manejar con soltura inmediata: el de la rivalidad con otra mujer pero sabe que esa rivalidad no es una rivalidad común.
Sabemos que para Chacel el motor que rige todo lo humano es el eros, una especie de simpatía universal que poco tiene que ver con el amor romántico.
Teresa intuye ese eros superior, pero las limitaciones de su sensibilidad (como mujer romántica) únicamente le permiten encajarlo en ese esquema de amor heterosexual y rivalidades femeninas.
Este es el drama ideológico de Teresa, el drama de su pensamiento: su formación “femenina” –no su naturaleza femenina— la ha convertido en un ser humano más emotivo que cerebral, que solamente siente el eros en lugar de pensarlo (Glenn, “Conversación…” 17).
La manera en que Chacel utiliza el motivo de Polonia, los pensamientos que este nombre suscita en el ánimo de Teresa, es, además, una muestra de magistral dominio sobre las técnicas de emulación del inconsciente y la asociación de ideas.
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